Chelo Loureiro, directora y productora de cine de animación: «Me encantan los inicios, comenzar proyectos nuevos y sacarlos adelante, es todo un reto analizar por qué funciona y por qué no”

Chelo Loureiro, directora y productora de cine de animación: «Me encantan los inicios, comenzar proyectos nuevos y sacarlos adelante, es todo un reto analizar por qué funciona y por qué no”

05/03/2026 Desactivado Por admin

Entrevista realizada por Paco España para el periódico/magazine Cantabriapress

Nací en Ferrol, Celia, mi madre, era modista y Pedro, mi padre, marino militar. Lo que más me marcó en la vida fue que mi hermana Celia enfermara de Polio. Franco no gastó dinero en vacunas y esto afectó a muchísimos niños de toda España; en la calle donde vivía había seis niños que enfermaron y mi hermana la mayor fue afectada. Recomendaron a mis padres llevarla a Madrid y eso supuso que la familia se separase, la seguridad social no cubría los gastos del tratamiento en Madrid, lo tenían que pagar todo ellos y nuestra vida se transformó. Mi hermana tiene 16 operaciones de cirugía, todas pagadas a base de ahorro. Mi madre cosía muy bien y se puso a trabajar para ayudar a la economía familiar.

Mi otra madre fue Elisa, de Valladolid, muy amiga de mi madre y cada vez que iba a Madrid a una operación de mi hermana tardaba como seis meses en volver. Con ella fue con quien me crié realmente. Cuando eres adulta entiendes todo lo que supuso para la familia y la generosidad de las personas, sobre todo, la sororidad (palabra que se usa ahora) que había en aquellos momentos entre mujeres que sabían lo que era la precariedad a todos los niveles y que se ayudaban muchísimo para sacar adelante las familias. A los dos años ya me quedé con Elisa, una situación que me marcó porque cada vez que venia mi madre la familia se volvía a juntar, pero yo quería a Elisa y de repente me separaban de ella, al mismo tiempo no podía manifestar lo que pensaba porque yo entendía el dolor de mi madre por tener que dejarnos.

Mi vida fue a través de los ojos de mi hermana y todo lo que a mí me gustaba hacer, ella no podía. Por un lado, me sentía una privilegiada de poder hacer las cosas que podía hacer y por otro sentía la solidaridad con quien no podía. Cuando mi hermana cumplió 16 años mis padres tomaron conciencia de que la afectación a la médula espina era incurable y ella dijo que no se sometía a más tratamientos. Sigue en silla de ruedas, está casada con mi cuñado, que es parapléjico y tienen una vida increíble. Cuando se casaron, el juzgado de Ferrol, tenía muchas escaleras para subir y no podían, entonces subí yo para arreglarles los papeles. Cuando hablé con el juez de lo civil me dijo que no pensaba casar a dos tarados y que en la Alemania de Hitler les despeñarían, esto fue en la España democrática. Mi hermana y mi cuñado me esperaban abajo y no podía decirles aquello. Fui a hablar con el juez de lo penal y se quedó alucinado, me dijo “no te preocupes, que este sale de vacaciones en verano y me quedo al cargo de los dos juzgados, ya los caso yo”; en verano vino a mi casa a casarlos. Esa España nos hace valorar lo que tenemos y por eso da tanta pena la gente que no lo valora y quiere volver a tiempos pasados.

Familia

Mi madre fue una mujer con una gran inteligencia natural, la admiro profundamente. A pesar de la cantidad de dinero que se empleaba con mi hermana, la ponía profesores particulares los meses que estaba hospitalizada para que estuviera formada conforme a su edad. No podía permitir que, además del problema físico, tuviera menos formación académica. Era la época de Felipe González pero entonces los centros educativos no eran accesibles para gente que no podía caminar; mi madre fue una de las primeras mujeres en sacar en carnet de conducir, la llevaba en coche, la subía en brazos y la dejaba sentada en su pupitre todos los días, mi hermana no faltó ni un solo día a clase, eso también le salvó la vida.

Más tarde empezó a luchar por la eliminación de las barreras arquitectónicas yendo a Madrid a exigir al gobierno que todos los edificios públicos tenian que estar adaptados para gente con discapacidad. Fue una de las que más luchó porque, dentro de la gente con discapacidad, era de las que tenía mejor nivel académico. Empezaron a exigir que empresas con más de 50 trabajadores tuvieran un porcentaje para personas con discapacidad. Mi hermana hizo magisterio, pero no le dejaban ejercer porque decían que podía dañar psicológicamente a los alumnos verla en silla de ruedas. La democracia llegó, pero no cambiaron las mentalidades. España ha cambiado muchísimo, sólo las personas que convivíamos con la discapacidad sabíamos lo que pasaba. Cuando empecé a salir a la calle con ella no entendía nada, la gente se dirigía a mí, que era la pequeña, porque pensaban que ella era retrasada mental.

Cuando mi padre llegaba de estar navegando, se quitaba el uniforme de marino gentil y se ponía a currar en casa, a planchar o a atender a las niñas. No le quedaba otro remedio, mi madre era la que apencaba todo el puto año con nosotras, con su trabajo, llevando a mi hermana al instituto, se multiplicaba para sacar todo adelante, por eso cuando llegaba mi padre no le iba a poner las zapatillas y la cerveza, le decía a currar igual que curro yo, que tu estuviste navegando por los mares tocándote los huevos, porque eso era lo que hacían los militares, dejémonos de bromas. Aquello era un matriarcado, lógicamente.

Yo quería estudiar Bellas Artes, pero en Galicia no se podía y justo cuando acabé el bachiller, Benedicto, el marido de Elisa, que ejerció de mi padre, entró en una depresión muy fuerte; el siquiatra le dijo a Elisa que podía suicidarse. Me di cuenta de que no podía dejarlos solos en aquel momento e hice lo que se podía hacer en Ferrol que era ingeniería; además mi padre me dijo que bellas artes podía ser un problema y era mejor tener un trabajo que me diera independencia económica, lo hice sin gustarme, aunque las matemáticas y la física nunca me dieron problemas.

Trabajo

Eran exámenes eliminatorios y te podías presentar a dos departamentos, me presenté a Cámara de Máquinas y Estructuras, lo que había estudiado. Como no me interesaba y no estaba nerviosa en absoluto superé las dos, aprobamos 14 de los de 1.500 que nos presentamos. Decidí entrar porque era unos de los lugares más interesantes para trabajar y el sitio al que todo el mundo aspiraba. En aquel momento Bazán tenía 18.000 trabajadores. Fui la primera mujer en entrar a trabajar a la oficina técnica de Sala de Máquinas con 200 señores. El jefe del departamento había sido profesor mío y me dijo que le interesaba mucho trabajar conmigo. Para mí fue un aprendizaje increíble, trabajaba con 200 señores que no sabían nada de mujeres y te estaban analizando constantemente. Fue todo un reto porque, siempre fui bastante ingenua, heredé de mi padre esa ingenuidad. No podía entender que lo que para mí era obvio para los demás no lo fuese.

Siempre fui una niña rara, porque lo que a mí me interesaba, no le interesaba a ninguna de mis amigas. No tenía ningún tipo de complejo ni problema con el “que dirán” y hacía cosas que los demás veían como de una tía rara, nunca me importaba demasiado la opinión de la gente, pero en una ciudad de provincias, cualquier cosa se tomaba como una excentricidad y te marcaba. En el trabajo yo era como el programa de García Tola en aquella época “Que hace una chica como tú en un sitio como este”, siempre estaba como fuera de mi decorado y ante una traba que me ponían, me encogía de hombros y seguía adelante. Trabajaba con 200 señores inteligentísimos, gente muy preparada, al final mi mesa se convirtió en un consultorio, porque todos los que tenían problemas con sus mujeres, con sus hijas me venían a preguntar, ¿por qué hará esto? Y yo me preguntaba, ¿pero cómo es posible que no sepas por qué lo hace?

Cuando decidí dar el salto al vacío y dejar el astillero, fui al diario La voz de Galicia, estuve dos años y gracias a ver como funcionaba un periódico me permitió fundar el Diario de Ferrol y ahí sigue. Me encantan los inicios, comenzar proyectos nuevos y sacarlos adelante, es todo un reto analizar por qué funciona y por qué no. Cuando el trabajo se convierte en repetitivo ya me aburro un poco. Después entré en la fábrica de cerámica Sagardelos. Yo no era bebedora de cerveza, pero entraba en las cafeterías y veía el adefesio de columna de cerveza que tenían en todos los mostradores. Era el momento en el que las empresas empezaban a crear marca y cuidar el diseño y no podía entender que Estrella Galicia tuviera aquello.

Empecé a preguntar a mis amigos que bebían cerveza por la columna y nadie la recordaba, a pesar de ser un elemento tan presente. Con esa pequeña encuesta entre mis amigos ya sabía que no funcionaba como debía y como no tengo complejo, me presenté en la fábrica con toda mi ingenuidad a decirles que había que cambiarlo. Les convencí y ahí esta esa primera columna, que Díaz Pardo, un artista tremendo, diseñó para ellos, la famosa esfinge. Quedaron muy contentos porque cuando iban a mercados internacionales de cerveza, donde estaban todas las columnas, todo el mundo iba a ver la suya, que era absolutamente diferente a todas las demás, llamaba la atención. Recibí en casa un montón de cajas de cerveza de regalo que no bebía, estaban realmente entusiasmados.

Películas

Cuando mi hijo iba a entrar en la universidad, no tenia claro que estudiar y era muy importante porque era a lo que iba a vivir el resto de su vida. En ese momento una amiga mía había escrito un guion para una película de animación y la productora no tenía mucha experiencia, estaba buscando financiación para una película en stop-motion y no sabían como hacerlo, me dijo si podía ayudarles.  Yo no sabía de aquello pero me parecía muy interesante y me encantaba el cine de animación. Era el año 2000,  justo en el momento en el que Digra, una productora de La Coruña, hizo la primera película de animación europea en 3D,  El bosque animado.

Yo los tenía cerca y me interesaba todo lo que estaban haciendo. Podía intentarlo y ahí empecé en el mundo de la animación, cogí la maleta y empecé a ir a mercados internacionales para aprender lo que no se podía estudiar en ningún lado, sobre la marcha. La tecnología no me asusta y todo el mundo que quería hacer animación decía que era complicadísimo pero como soy curiosa dije “a ver cómo es esto” y volví a lo que yo realmente quería hacer. Se necesitan equipos mucho más grandes, tiempos mucho más largos y eso se convierte en más dinero. Son muchos oficios muy diferentes y todos tienen que ser buenos, es la gran dificultad del cine. Tras haber pasado por sectores de trabajo muy diferentes puedo decir que la producción audiovisual es la más difícil con diferencia, por una razón, porque trabajas con personas, que es lo fundamental, porque son los que hacen los trabajos y además esas personas son artistas y los artistas son muchísimo más complicados porque tienen que crear y no es fácil, hay que creérselo y el ego que tienen que desarrollar para poder crear tiene que ser muy especial, a veces favorece y en otras entorpece bastante, esa es la realidad.

He dirigido el largometraje Valentina y he producido el corto y después el largo Decorado, que se estrenó en octubre y está en recorrido por festivales internacionales con mucho éxito. Ahora que tengo cuatro Goyas, dos por cortos y dos por largos, estoy empezando a pensar en jubilarme porque son muchos años trabajando, desde los 19, creo que no hay mucha gente que haya podido cotizar tanto como yo, y se lo debo a la familia, es el problema de este trabajo, que te obliga a estar fuera permanentemente, de los últimos tres meses, he dormido tres noches en casa.

Cuando unas cuantas cineastas creamos CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) en 2006 era muy difícil para las mujeres llegar a un sector predominante de hombres.  En el último curso de las escuelas de cine, pasaba siempre lo mismo, rápidamente los chicos  se ponían a dirigir y cogían a las mejores alumnas como ayudantes, pero claro, cuando acababan la carrera ellos ya salían con un corto como director y ellas ninguno. Las mujeres siempre buscamos la perfección y yo siempre digo que los tíos no buscan la perfección, buscan hacerlo, porque para hacer algo bien, primero hay que hacerlo mal y no pasa nada. Nosotras estamos acostumbradas a estar permanentemente analizando a todo el mundo, porque te sabes juzgada. A la hora de contar historias tenemos todo ese bagaje y son diferentes a las que pueden contar los hombres, no son más interesantes, pero suenan más novedosas.

Mis agradecimientos a Marta Corada y Jorge Sanz del Festival de cine de Aguilar de Campoo.

Chelo Loureiro en una foto cedida por Selected Films Distribution.